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El poder de la expectativa



Cuenta la historia que hace mucho tiempo, en la antigua Grecia, Pigmalión decidió crear una escultura como ninguna otra. Tomó el mejor marfil que pudo encontrar y esculpió la imagen de la mujer perfecta. Su rostro parecía tan auténtico que parecía estar viva. Pigmalión se enamoró tanto de la belleza de su obra que comenzó a besarla. La amó tanto que pidió a los dioses que le dieran vida a su creación. Y así se hizo. La diosa Venus ablandó el duro marfil de la estatua y la convirtió en mujer de carne y hueso.


Esta historia mitológica de Pigmalión nos dejó el poeta romano Ovidio en su famosa obra Metamorfosis.


El escultor vio algo en la escultura y actuó siguiendo sus emociones hasta que sentimientos y sus expectativas se hicieron realidad.


El efecto Pigmalión


Hoy en día, hablamos del "efecto Pigmalión" [Enlace: https://es.wikipedia.org/wiki/Efecto_Pigmali%C3%B3n ] cuando actuamos de acuerdo con la expectativa que tenemos de una persona, en un sentido positivo. Cuando actuamos de acuerdo con la expectativa que tenemos de una persona, en un sentido negativo lo llamamos el “efecto Golem” [Enlace: https://en.wikipedia.org/wiki/Golem_effect ] (o “efecto Pigmalión negativo”).


La forma en que pensamos acerca de nuestras capacidades influye en las posibilidades de completar una tarea con éxito. En breve, nuestras expectativas determinan nuestro comportamiento y por lo tanto nuestro éxito.


En los años 60 el psicólogo estadounidense Robert Rosenthal llamó la atención sobre la influencia y las consecuencias, muchas veces inconscientes, de nuestras expectativas.

Para demostrarlo [enlace: https://www.youtube.com/watch?v=hTghEXKNj7g ] utilizó las expectativas que unos maestros de una escuela primaria tenían sobre sus estudiantes. Para iniciar, realizó una prueba de coeficiente intelectual que después usaría como control.


Después de la prueba inicial, seleccionó al azar el 20% de cada clase.


Les dijo a los maestros que los estudiantes seleccionados probablemente harían un salto intelectual y que obtendrían mejores resultados que los demás.


Al finalizar el año lectivo, el psicólogo volvió a la escuela y les tomó la prueba CI de nuevo.

Resultó que los estudiantes seleccionados, en todas las clases evaluadas, sacaron puntajes considerablemente más altos los otros estudiantes. Las mejoras fueron significativas.


Las expectativas positivas habían influido en las interacciones con los estudiantes y ellos se desempeñaron muy bien.


Influencia en el plano profesional


El efecto Pigmalión no sólo influye en el rendimiento de los niños en la escuela. También influye en el ámbito de negocios, tanto en el rendimiento de los empleados como en el rendimiento de los gerentes.


Si las expectativas que tiene un gerente de un empleado son altas, se va a asegurar de que se cumplan las expectativas. Le va a dedicar mucho tiempo y le va a dar comentarios positivos regularmente. Le va a apoyar y desafiar intelectualmente.


Seguramente, esta persona “excepcional”, con toda la atención y apoyo que recibe, se sentirá especial y va a comenzar a creer en su propio potencial. Este efecto es un ejemplo de profecía autorrealizada.


Por otro lado, los colegas “normales” pueden ser igual de talentosos, pero si son vistos como regular, serán tratados como tal. No van a recibir tanta atención personal. No van a recibir el mismo apoyo ni los mismos comentarios positivos ni los retos que se merecen. Como resultado, su desempeño será en proporción.


Las expectativas que un gerente tiene con respecto a sus empleados influyen en su comportamiento hacia esos empleados. Como consecuencia, los mismos empleados se desarrollan en torno a esas expectativas.


La forma que toma esta profecía autorrealizada es la del síndrome “creado para fracasar”.


Círculo virtuoso

¿Cómo explicamos eso?


El comportamiento que tenemos hacia alguien de quien esperamos mucho muchas veces es diferente que cuando tratamos con alguien de quien esperamos menos. Y esta persona, a cambio, va a comportarse con reciprocidad.


Los factores que influyen son:

  • El factor climático: somos más amables con una persona si esperamos más de ella. En un ambiente positivo esa persona desempeñará mejor. Si no esperamos mucho de la persona, el ambiente será neutral o negativo y a nadie le importará el desempeño.

  • El factor de aportaciones: prestamos más atención y entregamos más tareas e información a la persona de la que esperamos más. A la persona de la que no esperamos mucho, vamos a entregar tareas fáciles que no requieren de mucha destreza.

  • El factor de probabilidad de respuesta: Le damos más oportunidades de hacer preguntas a alguien de quien esperamos mucho. Además, esperamos respuestas elaboradas. De la persona que no tenemos expectativas esperamos preguntas y respuestas mediocres.

  • El factor de retroalimentación: la retroalimentación que damos a una persona que creemos de alto desempeño es más positiva y más de apoyo cuando no ha cumplido con las expectativas que cuando tratamos con una persona que creemos mediocre.

Como puedes ver, esta situación lleva a un círculo virtuoso si sabemos manejar bien a las personas. En caso contrario, nos lanza en un círculo vicioso del cual es difícil escapar.


Conclusión


El poder de la expectativa es una herramienta muy potente si logramos manejarla de manera positiva. Y el efecto que tiene no sólo funciona de arriba para abajo. También funciona al revés. Las expectativas que los empleados tienen de sus líderes influyen en su comportamiento hacia ellos y finalmente influyen en los resultados como equipo y como organización.


¿Y tú que piensas? ¿Cómo lo ves? Piénsalo bien antes de contestar...


Fuente:

Pygmalion and Employee Learning: The Role of Leader Behaviors [Enlace: https://www.researchgate.net/profile/Peter_Van_den_Berg2/publication/236682029_Pygmalion_and_Employee_Learning_The_Role_of_Leader_Behaviors/links/56ebfd8008ae24f050991018/Pygmalion-and-Employee-Learning-The-Role-of-Leader-Behaviors.pdf ]

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